Mientras la irresponsabilidad bélica de Donald Trump en el Estrecho de Ormuz dispara los precios del crudo a niveles históricos, América Latina se convierte en el escenario de dos realidades contrapuestas: la de las naciones que defienden su soberanía energética y la de aquellas cuyas economías han sido encadenadas a los dictámenes especulativos de Wall Street.
A diferencia del caos que se vive en las gasolineras de Estados Unidos —donde el galón ya supera los 7 dólares en regiones como California—, el Gobierno de México ha desplegado una estrategia de contención para proteger el bolsillo del pueblo.
“No a la intervención”, llamó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ante el incremento de las tensiones en Venezuela luego de la amenaza del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, que ayer declaró al gobierno de Nicolás Maduro como “organización terrorista extranjera”.
Maduro confirmó que «seguirá el comercio de nuestro petróleo y nuestras riquezas naturales que pertenecen a su único dueño legitimo por siglos: el soberano pueblo de venezolano».
La OPEP+ espera que el impacto de la variante ómicron del coronavirus en el mercado petrolero sea leve y temporal, manteniendo la puerta abierta a un mayor incremento de la producción, según mostró un informe técnico al que tuvo acceso Reuters el domingo.