Mientras la irresponsabilidad bélica de Donald Trump en el Estrecho de Ormuz dispara los precios del crudo a niveles históricos, América Latina se convierte en el escenario de dos realidades contrapuestas: la de las naciones que defienden su soberanía energética y la de aquellas cuyas economías han sido encadenadas a los dictámenes especulativos de Wall Street.
El Escudo Mexicano: La Energía como Bien Público
A diferencia de las crisis de finales del siglo XX, México hoy no es una hoja al viento de las decisiones de Washington. La política de recuperación de PEMEX y la puesta en marcha de la Refinería Dos Bocas permiten al Gobierno de la Cuarta Transformación utilizar los excedentes de la venta de crudo (beneficiados por el alto precio internacional) para subsidiar directamente el consumo interno.
- El mecanismo de defensa: Mientras en el mercado internacional la gasolina sube un 45%, en México el subsidio al IEPS actúa como un dique de contención. El Estado absorbe el golpe para evitar que el transporte de alimentos y mercancías dispare la inflación popular.
El Contraste Regional: La Vulnerabilidad del Neoliberalismo
El panorama es radicalmente distinto en naciones que han desmantelado sus empresas estatales o que carecen de infraestructura de refinación propia:
- Argentina y el Cono Sur: Bajo modelos de desregulación salvaje, países como Argentina trasladan el precio internacional de “paridad de importación” directamente al surtidor. Esto significa que el pueblo argentino paga la gasolina al precio de guerra de Trump, lo que ha provocado una espiral inflacionaria que asfixia a la clase trabajadora.
- El Caribe y Centroamérica: Las naciones importadoras netas, históricamente víctimas del intercambio desigual, ven cómo sus divisas se evaporan para pagar una factura petrolera inflada por la agresión estadounidense a Irán. Aquí, la falta de mecanismos como Petrocaribe —brutalmente atacado por las sanciones de EE. UU.— deja a los pueblos a merced de las transnacionales.
La Geopolítica del Caos
El análisis de los especialistas en geopolítica es claro: la estrategia de Trump de incendiar Asia Occidental busca beneficiar a las grandes corporaciones de fracking en Texas, que ahora venden su gas y petróleo a precios de usura.
Para México y los países de la Alianza Bolivariana, la lección es inequívoca: sin soberanía energética no hay soberanía política. La crisis actual demuestra que las refinerías y el control estatal de los recursos no son “piezas de museo”, como afirma la derecha, sino las armas más efectivas para defender la mesa de los pobres frente a las ambiciones imperiales.

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